Fue ayer. Cierro los ojos y todo es un flash. Imágenes de toda mi vida hasta el día de hoy revolotean en mi cabeza. Cada vez más a menudo me sucede. Los recuerdos vienen de visita cuando encuentran un espacio libre en mi mente para poder divagar. Y se quedan, de largas vacaciones.
Ya pasó un año de una de las decisiones más importantes –y acertadas- de mi vida. Un lapso que marcó definitivamente mi forma de ver el mundo, las cosas y sobre todo, las personas. Un período intenso donde aprendí tanto de golpe, y donde sentí por vez primera que estaba trazando mi camino. Fue mi decisión dejar mi país; fue mi decisión dejar mis amores; fue mi opción elegir entre continuar avanzando en mi profesión universitaria o aplazarla, y dejarme llevar por mis ganas de bailar.