Ups!! Cuáno tiempo ha pasado!. Había abandonado este blog para escribir en el otro, Apuntes de Arabia. Pero revisando los posts de éste, volví a sumergirme en cada uno de ellos y en cada momento en el que fueron escritos.
Hoy, estoy en Rosario, mi ciudad argentina bella, la más linda del país. Sigo bailando, pero me he tomando un tiempo de relax para disfrutar cosas que hace tiempo no hacía. A saber: cocinar comidillas caseras, pasearme por la casa en pantuflas y con el mate en mano (bah, en Oriente también lo hacía!), encontrarme con amigas, juntarme en familia a comer, salir a respirar el aire fresco de la ciudad en las tardes de otoño, y mirar con los ojos bien abiertos y el corazón exaltado cada una de esas cosas que hacen que la vida sea tan hermosa.
Este blog sigue, sólo que ahora tomará un rumbo diferente, como lo ha tomado mi vida. Hay muchas cosas que merecen ser contadas... cuento con ustedes.
Hoy lloré. Por la falta y la soledad. Por los recuerdos y el pasado. Por el presente de muchos desgraciados. Lloré. Por ese gatito amarrado al cuello que vi desde mi balcón. Por aquella mujer pidiendo en la calle, tiritando de frío. Por las personas que me hicieron mal en mi vida. Y por las que me hicieron tan bien, pero que ya no están. Por la vida de muchos desesperados, y por la muerte de muchos mártires. Lloré por las veces que me sentí desgraciada, y no vi a mi alrededor todo lo que tenía. Lloré por los momentos que ya no volverán, y por aquellos que se que nunca serán.
Pero también reí. Por la vida y por el amor. Por los bellos momentos del presente, y por aquellos otros del pasado que fueron tan gratos. Reí. Por la sonrisa de esos niños jugando en la arena. Por la alegría de aquel abuelo regocijándose con sus nietos. Por todas aquellas personas que son parte de mi vida y me hacen feliz, y por las que ya no están y marcaron mi vida. Reí, cerrando mis ojos, por saberme afortunada al estar en manos de Dios.
Otro día más que pasa. basta...no me digan que ya estamos a fin de año oootra vez. Oh... Ah... y demás exclamaciones.
Diecisiete meses en veincitinco años. Parece poco, sí. Pero es el tiempo que he estado fuera de mi país (contando los meses que pasé en Rosario, de vacaciones). Es hora de sacar algunas conclusiones, sí sí...
Hay días y días. Días negros, días blancos y días color rosa pompón de azúcar. Particularmente prefiero estos últimos. También hay días aburridos, y días saturados de actividad (léase, ir de shopping, playa, y alguna otra cosa...que ya es mucho por un sólo día). Días depre y días power. Primera conclusión: todos son días bellos, por igual. Uno aprende con el tiempo que la negatividad del día puede convertirse en algo bueno con un sólo click. Y al fin y al cabo, la vida tiene el color del cristal con que se mira no?.
Todos alguna vez llegamos a un momento en nuestras vidas que nos preguntamos ¿qué quiero ser cuando sea grande?, así sea que usted tenga 50 años, no importa, la pregunta en sí misma da por entendido que al menos el deseo de "ser alguien" está. En mi caso, últimamente me lo he estado preguntando a menudo. En realidad es una re-pregunta, que fue formulada hace ya unos cuantos años, al salir del colegio secundario. Aunque a veces no estamos acostumbrados a los giros inesperados. Y aquí estoy entonces. Volviendo a mirar hacia adentro y haciendo la pregunta del millón.
¿Qué hacer cuando, llegado el momento, uno debe elegir entre una pasión u otra?. En mi caso particular, estudié periodismo por afinidad, y comencé a bailar por casualidad. Aún no me planteo cuál de las dos opciones será mi compañera de por vida. Al menos sé que tengo un puñado de opciones para elegir, y muchos sueños en la mochila que quedan por cumplir. Segunda conclusión: ya habrá tiempo de definiciones. Sólo se que el hoy es un regalo, y por eso se llama "presente".
Extraño mi vida de antes a veces. Pero atesoro cada momento que estoy viviendo. Claro que a veces en vez de estar paseando con una amiga por las calles de Dubai me gustaría estar con mi amor tomados de la mano por el parque Independencia. Claro que en vez de sonreír para tantos desconocidos en mis shows daría cualquier cosa por tener cada noche sentada en primera fila a mi mamá, o a mi amor, o a cualquier rostro que me permita brindar una sonrisa auténtica aún en mis días grises. Así y todo, soy consciente que esta elección fue una de las más acertadas de mi vida. me permitió realizarme como adulta, me permitió conocer tantas cosas que jamás pensé conocería, y me dio la posibilidad de ser feliz trabajando de lo que me gusta. Tercera conclusión: me quedan demasiadas cosas por vivir como para sacar una conclusión.
Paso a paso. Tiempo al tiempo. Aprendí a valorar cada cosa. A ser paciente. A tener mis momentos de soledad y disfrutarlos. A lidiar con tanta gente horrible y no morir en el intento; y a tener el placer de conocer a tanta gente bella.
Soy feliz al fin de cuentas!..¿acaso esa no es una gran conclusión?
¿Será que la dimensión del tiempo se ha encogido?. ¿O será que a medida que pasan los años, la vida se pasa más rápido?. Todo fue un flash. Y estoy nuevamente en mi querida Argentina, luego de unos buenos meses de trabajo en Bahrain, Ras al Khaima (Emiratos) y Túnez. Ahora, descanso, muchos mimos y aire rosarino. Demás está decir que soy muy feliz cerca de mis afectos.
Y sigo pensando que todo va a mil. A veces no puedo creer que todo haya sucedido tan de prisa. Dicen que las cosas buenas parecen irse demasiado pronto no?. No me quejo de nada, pues todo lo viví con el corazón abierto y dispuesto. Y si algo ha salido como no lo esperaba, también he aprendido a aceptar las piedras en el camino, porque los obstáculos son parte del aprendizaje de la vida.
He compartido cosas hermosas en mi ciudad querida, y hasta tuve la dicha de tomarme una semana de vacaciones con mi amor Guille en la hermosa ciudad patagónica de Bariloche, un lugar de ensueño. Y no he dejado de agradecer a Dios por tantas cosas bonitas.
Ahora, en pocas semanitas vuelvo al trabajo. Dubai me espera nuevamente para comenzar otro ciclo danzante.
Sentimientos encontrados. Que quiero volver, que me quiero quedar, que te quiero llevar. Pero siempre llego a la misma conclusión: nada de lo que estoy viviendo sería posible sin la presencia del amor en mi vida. Y me refiero al amor de verdad, a ese que no es egoísta, al amor libre, que te deja volar. Gracias Dios por rodearme de amor, y de personas que llenan mi vida.
Hoy me voy feliz, con ganas de comenzar a trabajar de nuevo, y con añoranzas de vivencias bellas; pero con la convicción de saber que cuento con un puñado de gente maravillosa que me alienta en cada paso, y me toma de la mano para compartir conmigo este camino.
Si hay algo que realmente siempre me llamó la atención es la comunicación; la forma en la qué ésta es empleada por los seres vivos para establecer lazos con otros. Comunicamos con el habla, con el lenguaje (que ojo, no es lo mismo, diría una profe de mi 1er. año de la Universidad), con los gestos corporales, con sonidos. Comunicamos con nuestra forma de vestir, y con nuestras elecciones y preferencias.
El lenguaje como tal es un medio sociabilizador. Pero ¿qué pasa cuando el lenguaje entre dos personas no es el mismo? Acá llegamos al punto que me tiene bastante pensativa en estos días.
Hace un año que vengo girando por estos países tan distintos a lo que conocía hasta entonces. El idioma no fue hasta ahora un obstáculo, ya que en la mayoría de ellos pude manejarme tranquilamente con el inglés, y cancherear con algunas pequeñas frases de árabe, usadas para enunciados de cortesía y/o saludos. (No me pidan mucho más).
Todo bárbaro, hasta que volví a Túnez. Ya casi había olvidado que muy poca gente habla inglés. Acostumbrada yo a poder comunicarme fácilmente, llegué a Túnez y me encontré con un fluido francés, mucho más utilizado que el propio idioma árabe. Y bueno, arremangarse y a poner en marcha todos los mecanismos oxidados en mi cerebrito, para ver si logro sacar alguna palabra de las aprendidas en mis clases de francés en el secundario.
Sí, el francés es muy similar al castellano; pero no tengo el oído acostumbrado, así que cuesta. La mayoría de los tunecinos hablan como idioma madre el árabe y el francés, y son muchos también los que hablan italiano. Tal es el caso de mis músicos, con quienes hablamos una mezcla de francés, italiano y árabe. No se cómo, pero nos entendemos. El italiano es más parecido aún que el francés, así que me sienta más cómodo, y se entiende mucho mejor. Va queriendo.
Más allá de las diferencias idiomáticas, y que –confieso- me siento casi una inválida verbal; estoy muy feliz de regresar a este país tan bonito. El lugar donde estoy trabajando se llama “Phenix de Carthage”. Es un restaurant muy conocido en la zona de Cartago (Carthage), a unos pocos metros de las ruinas, las famosas “ruinas de Cartago”; y también muy cerca del emplazamiento donde se realiza cada año el festival musical de Cartago, donde acuden las más famosas figuras del mundo de la música árabe.
Volver a Túnez supone además, un cambio en la rutina de mis shows. Aquí, la danza se aprecia de otra forma. No digo ni mejor ni peor, sino distinta. Gustan otras cosas, el público es distinto, y las preferencias son otras. Todo es aprendizaje y satisfacción.
Cuando miro hacia atrás y reveo mi carrera, encuentro un antes y undespués en mi forma de bailar. Ya no importan tanto las coreografías y una técnica tan perfecta, que de tan perfecta parece ballet y no danza oriental. Estoy en los países árabes, y acá no interesa demasiado si tu empeine está estirado, o si tu brazo está perfectamente alineado, o si tu suplée es irreprochable: acá se baila danza oriental, y la pasión juega más que la perfección. Uno de los elogios más grandes que puede recibir una bailarina extranjera trabajando en países árabes es que le digan que baila con la misma pasión de una nativa. Y eso, vale más que cualquier felicitación de un profesoren plena clase. Claro que se necesita de estudio y dedicación, pero un porcentaje significativamente importante en el éxito de esta carrera es bailar con pasión, y con el corazón. Muchas veces me encuentro en mis shows, danzando con los ojos cerrados, dejándome llevar por la música, sonriendo y compenetrándome con el ritmo.Encuentro en ese instante la verdadera esencia de mi persona.
Bailando olvido el mundo. Bailar sana mi mente y mi corazón de las heridas del pasado –y del presente-. La danza me conecta conmigo misma, y también es una excelente vía de comunicación con todas aquellas personas que acuden a ver mi show, y con quienes me es más fácil una sonrisa que un intercambio verbal.
Fue ayer. Cierro los ojos y todo es un flash. Imágenes de toda mi vida hasta el día de hoy revolotean en mi cabeza. Cada vez más a menudo me sucede. Los recuerdos vienen de visita cuando encuentran un espacio libre en mi mente para poder divagar. Y se quedan, de largas vacaciones.
Ya pasó un año de una de las decisiones más importantes –y acertadas- de mi vida. Un lapso que marcó definitivamente mi forma de ver el mundo, las cosas y sobre todo, las personas. Un período intenso donde aprendí tanto de golpe, y donde sentí por vez primera que estaba trazando mi camino. Fue mi decisión dejar mi país; fue mi decisión dejar mis amores; fue mi opción elegir entre continuar avanzando en mi profesión universitaria o aplazarla, y dejarme llevar por mis ganas de bailar.
Fue todo muy rápido y hasta por momentos, descabellado. Pero, ¿cuán desatinado es algo cuando de perseguir tus sueños se trata?. Miles de preguntas, turbaciones y peros; objeciones y dudas. Pero nunca un miedo que no me permitiera avanzar; sólo los miedos lógicos, esos miedos que no te dejan dormir cuando estás a punto de dar un gran paso en tu vida. Y aquí estoy. A un año ya de ese gran paso.
Vivo el hoy, que es maravilloso. Ya he dejado de hacerme tantas preguntas y dejo fluir cada instante. Porque la vida es justamente eso que se te escurre de las manos cuando estás planeando el futuro.
Salí de Argentina con los ojos bien abiertos, y el corazón contento. De la misma manera pienso regresar, a un lugar del cual, en realidad, nunca me fui. Gracias a todos quienes estuvieron junto a mí en este año. Los abrazo en el alma.
Siguen mis días de hormiga viajera. Mi primera visita a Argentina –tan deseada- ya pasó, y vuelta al ruedo nuevamente. Aquí estoy, en la ciudad de Manana, en el Reinado de Bahrain, el país más pequeño de la región del Golfo Pérsico. El país es una gran isla, y limita con Arabia Saudita y Qatar. Bonito, pero a mi parecer no tan majestuoso como otras ciudades de los Emiratos Árabes.
Me encuentro muy cómoda, y mis días son muy alegres. Por suerte, estoy en compañía de Danisa, otra bailarina argentina (y rosarina!) que está también trabajando aquí. Así que vamos de aquí para allá juntas.Tardes de ocio, charlas, pile, sauna y mates, infaltable…pero se me está acabando la yerba que traje de Argentina, y aún no conseguimos aquí. Estamos en plena búsqueda.
El hotel Intercontinental Regency es mi residencia y dentro de éste, el restaurant libanés “berdaouni”, mi lugar de trabajo. Un nuevo lugar para recordar. Ya falta poquito para que se cumpla un año fuera de mi país. Difícil explicar en palabras todo lo que me ha pasado. Lo bueno, lo malo, las alegrías, las tristezas, las risas y los llantos. Pero todo lo que he hecho, fue con convicción y libertad de opciones. Mi vida sigue dando giros inesperados. Mi escencia se mantiene, y mis ganas de seguir soñando siguen firmes.
Un día más que pasa, lejos de ustedes. Cierro mis ojos…aquí están.
Finalmente, luego de 9 meses fuera de mi país, llegó el ansiado momento de volver a mis pagos. Los meses aquí transcurrieron volando, pero verdaderamente estaba esperando el momento de volver a respirar aire rosarino. Mi visita a los distintos países árabes me deja siempre con mucha satisfacción, y ganas de seguir con la travesía. Pero cuando tuve un mes libre, lo primero que pensé fue "Argentina!". Y así fue como los primeros días de marzo estaba lista para un mes de descanso en mi país!. Fue un mes maravilloso. Lleno de sorpresas. Tardes de mate, charlas, domingos de asado, dias de paseo por la peatonal, y otras tantas tardes de mate en la vereda. Noches de amor con mi Guille, y hermosos días compartidos con todos mis afectos. Volver a mi país renovó mis energías, afianzó mi confianza y aumentó mis ganas de seguir viajando por el mundo.
Gracias Amor, mamá, Lore, abu, amigas/os... Gracias a todos por acompañarme en este sueño!!
Hola!!.. Luego de dos meses desaparecida de mi blog, aquí estoy!!. Me encuentro en Dubai, la maravillosa ciudad de Emiratos Árabes, tan famosa por sus increíbles construcciones edilicias y su magnífico crecimiento a pasos agigantados.
Esta vez, estoy en el prestigioso hotel Movenpick. Feliz. Sin duda, estoy en uno de mis mejores momentos, porque tuve una de las mayores alegrías de estos meses: vino a visitarme mi amor, Guille. Recorrimos medio Abu Dhabi (la capital de Emiratos, donde estuve el contrato anterior) y tuvimos la suerte también de recorrer Dubai de pé a pa. Sin palabras lo que hemos vivido. Un mes maravilloso.
Estoy en un capítulo muy importante del libro de mi vida, y en uno de los más importantes también en cuanto a mi pareja. Luego de 8 meses sin vernos, finalmente llegó el ansiado momento. Y sólo hay una conclusión: no existe el tiempo y el espacio cuando el amor es verdadero.
Dubai es como uno se la imagina, y mucho más. A pie, en bus, en taxi, no hay un solo rincón para dejar de admirar. Edificios fuera de lo normal, calles muy pulcras, adornadas con flores de muchos colores, gente de todas las etnias y religiones, hoteles y shoppings por doquier y para todos los gustos. Una ciudad que alberga 4 millones de habitantes, y que creció en tan sólo 30 años de la mano del oro negro, puede permitirse estos lujos, y muchos más. ¿ O acaso en otra ciudad del mundo las paradas de colectivo público son cabinas cerradas con aire acondicionado?. Sí señores. Aquí se permiten esas excentricidades y muchas otras más. Entre ellas, la muy famosa pista de sky dentro mismo de un Shopping (el Emirates Mall). Allí estuvimos cual Marley y Susana, jugando con la nieve en un mega ambiente climatizado a 4 grados bajo cero, mientras por los ventanales veíamos a la gente –curiosa- que miraba desde los café en el mall, o mientras hacían sus compras, se acercaban a tomar fotos de este microclima artificial.
También jugamos a “patinando por un sueño” cuando fuimos a la pista de patinaje sobre hielo, que también está dentro de un mall (el Dubai mall, el más grande de Medio Oriente, y que también alberga un mega acuario con más de mil especies).
Por supuesto que no dejamos de ir a la famosa isla en forma de palmera que se yergue sobre la costa del Golfo. Allí, muy cerquita a la entrada de Palm Jumeiráh, se encuentra el majestuoso hotel 7 estrellas “Burj al Arab”, que se hizo popular en el mundo por recibir en su cúpula a los dos mejores jugadores de tenis del mundo Nadal y Federer, un par de años atrás. Y ya entrando a la misma palmera, nos adentramos hasta el tope, donde se instala el nuevísimo hotel Atlantis, que contiene un mega acuario en su interior y en donde sus huéspedes pueden nadar con delfines. Allí, la habitación más barata cuesta la modesta suma de 700 dólares, aunque algunos afortunados prefieren las más caras que rondan los U$S 17.000. Sí, diecisiete mil dólares.
En Dubai también se encuentra la torre más alta del mundo, el “Bur Dubai”, que sigue en construcción, y que cuando se termine este año contará con 178 pisos. Allí estuvimos, y es tan majestuoso que no lo podíamos creer. Por su altura puede verse casi desde toda la ciudad. No puedo imaginarme qué se debe sentir estar en el piso más alto. Cuando fuimos al piso 51 de las Emirates Towers (donde se encuentra el Jumeirah Hotel) en el ascensor se me apunaban los oídos, y eso que estábamos cien pisos menos de lo que promete el Bur.
Hay mucho más para contar, demasiadas cosas para no olvidar. Un san valentin como pocos en mi vida. No tengo más palabras para agradecer a la vida la oportunidad que me dio de compartir este sueño con mi amor. Me siento muy feliz. Gracias Dios!
“Vas a bajonearte un poco”, me habían dicho unas compañeras bailarinas cuando supieron que éste era el primer “año nuevo” que pasaba fuera de casa. Pero sus vaticinios fueron errados; la nostalgia no se apoderó de mí…qué bueno, no?. El 2009 comenzó para mí de la mejor manera, bailando. Creo que a veces algunas personas se amoldan rápidamente a ciertas circunstancias, y se adaptan en seguida al “tiempo y espacio”. Y me considero una de ellas.
Este Año Nuevo lo viví con mucha alegría, con muchos recuerdos hermosos de los años pasados, pero con la convicción de que los venideros serán aún mejores. ¿Y cómo es un año nuevo en Emiratos Árabes?... Sin petardos y cañitas voladoras, pero con la misma ilusión que tienen todos los seres humanos de que el año que comienza estará cargado de buenas energías. Ah, y con mucho glamour…(y eso que no está Giordano acá).
Estos días la gente estuvo como loca por las calles haciendo las compras de último momento en los shoppings. Regalos para Navidad, regalos para Año Nuevo. Yo me regalé a mi misma un sombrero de tango, porque mi último show del 2008 fue con el estreno de La Cumparsita Árabe… que salió muuuy lindo, por cierto. Y dije “Arrrrgentina, presenteeeee!!”.
Como contaba anteriormente en las crónicas anteriores, si bien Emiratos Árabes es un país de mayoría musulmana, el espíritu navideño se respira en todos los comercios y en los Hoteles internacionales de la ciudad. Hay muchos turistas, y extranjeros viviendo aquí, así que somos muchos los que festejamos el nacimiento de Cristo en medio del país de “Alá”.
Mi Navidad fue hermosa. Luego de mi show tuve una reunión con mis amigos latinos de Abu Dhabi. Nos reunimos en la casa de Emilio, un señor venezolano muy amable, quien nos agasajó con riquísima comida y más aún sabrosos postres. Estaba su hija que había venido de Venezuela, junto a su novio español. También estuvo mi amiga argentina Ale, y un par de personas más. ¡Fue tan ameno!, y me sentí como en casa. Lego de las 12 brindamos, y nos dimos los regalitos…sólo que extrañé mucho salir a la calle a mirar el cielo. Esta vez no había fuegos artificiales.
Año Nuevo también tuvo lo suyo. Mi show fue a las 0.30 hs del primer día del 2009. Cuando llegué al resto, y me quedé esperando para salir a escena, me asomé un poquito para espiar el ambiente. Todo decorado con globos y guirnaldas, y la gente con una energía contagiosa bailando dabke en el stage, con cornetas, matracas, collares de colores, globos. El momento más emotivo fue cuando miré el reloj y eran las 12, y en el salón comenzó la cuenta regresiva, en árabe!!!… 5, 4 , 3, 2, 1… Happy New Year!!… Y se acercaron los mozos, el manager, y la gente del resto a saludarme. Ellos también estaban trabajando en año nuevo, así que me sentí acompañada.
Así comenzó mi año. En este momento son las 5.30 de la mañana del 1 de enero, ¡y pensar que en Argentina están transitando aún por los últimos minutos del 2008!.... Mientras escribo, comienza el cántico matutino de la mezquita que tengo a media cuadra. Los cánticos se escuchan en toda la ciudad, porque son simultáneos en todas las mezquitas, así que imaginen ustedes el volumen. “Alá es grande”, comienza diciendo..y continúa por unos cuantos minutos más.
Acabo de hablar con mi mamá, mi abu, mi hermana y mis princesitas Nir y Ale. Qué emoción hermosa escucharlas. Y mientras hablaba con ellas, fue tan raro escuchar las bombas de estruendo!, me transporté a casa, estaba allí con ellas. A Nirvi, mi sobrina mayor, le comenté que acá no tiran bombas y me dijo “¡qué aburridos que son tía!”. Y tiene razón, no hay Navidad ni Fin de año como los que uno pasa en Argentina… nada se compara!.
Mis queridos coterráneos, (¡y gente del mundo enteroo!!), hoy alzo la copa junto a ustedes, y brindo por un 2009 colmado de buenas ondas. Gracias por estar ahí. Feliz Año nuevo!!!
Vuelve al ruedo mi musa, que esta vez estaba –literalmente- de vacaciones. Muchas cosas sucedieron desde que escribí la última vez. Y uno se da cuenta que no depende del calendario el paso del tiempo, sino de la energía de las vivencias personales. Y puedo decir que de un día a otro las cosas pueden cambiar drásticamente. Y puedo asegurar que eso está muy bueno a veces… y otras veces no tanto.
Soy feliz y es lo que importa al fin de cuentas. Basta de tantos planteos absurdos, basta de tantas cavilaciones y supuestos. Vivo el hoy convencida de que es éste presente el que me está forjando un futuro cargado de prosperidad, y cada vez más me convenzo que es uno mismo el hacedor de su destino.
Cuántas cosas uno no sabe de sí mismo hasta que se topa con ciertas experiencias que nos “hacen ruido”. Y para mí, este viaje no sólo fue una “travesía al medio Oriente”, sino que funcionó como un viaje hacia mi propio yo. Aún entre tanto bullicio árabe, entre tanta fascinación por todo lo nuevo y exótico, tengo mis momentos de encuentro personal, donde descubro a la mujer que potencialmente va asomando. Hoy, tengo la oportunidad de elegir mi vida y de dejarme llevar por todo lo bueno que se me presenta en el camino.
Emiratos Árabes es sin duda un país sin igual. Una nación que creció a pasos agigantados, entre las dunas del desierto y las claras aguas del Golfo; entre mujeres ataviadas con abayas y opulentos hombres mostrando orgullosamente su nacionalidad con su típico pañuelo a la cabeza, la kufiyya. Abu Dhabi, su capital, una ciudad multifacética, que despertó hace tan sólo unas cuatro décadas con la ayuda del petróleo, se muestra amigable a todos los forasteros que llegan a buscar un sueldo digno, techo y comida. La ciudad es un crisol de razas y curiosamente sus habitantes conviven diariamente entre filipinos, hindúes y europeos que se han acercado paulatinamente a esta metrópolis en busca de sendos puestos de trabajo.
Las curiosidades –ante mis ojos occidentales- están a la orden del día. La forma de ser de la gente, la ciudad en sí, sus comercios, sus calles; todo es bastante llamativo para quienes saben descubrir las marcas personales de esta cultura, escondidas detrás de los edificios inteligentes, los shoppings de lujo, los hoteles 7 estrellas, y los autos último modelo. Basta observar raudamente a los locales para ver hasta qué punto uno se encuentra en una ciudad que no reniega de su cultura musulmana, pero que al mismo tiempo acoge enhorabuena a ciertas costumbres occidentales.
Cómo será el preconcepto que tenemos los occidentales de estos países de oriente, que cuando vi un Mc donald´s me encontré preguntando asombrada “¿un mc donald´s aca?”. Sí, Mc donald´s, papas fritas, helados, medialunas, yerba mate, supermercados Carrefour, miel argentina, chocolates Cadbury, milka, Arcor, milanesas, discotecas y su correspondiente “after” en las concurridas “open 24 hs” estaciones de servicio. Y la lista continúa. Es así como a veces me siento como “en casa”, aunque en otras circunstancias me doy cuenta que, es de a poco que me voy envolviendo en esta particular cultura.
Días de playa, de Shopping, caminatas por “Corniche” –la costanera-, noches de shows cargados de adrenalina; amigos, discos donde se baila techno, árabe, pop, dabke; tardes de mate y amigas, madrugadas de Messenger y Facebook. Días de mucha “pila” y otros tantos cargados de recuerdos y nostalgia...
Son los días de mi vida. Todos los días tienen un sabor especial, y a veces me encuentro cerrando mi puño para que no se me escape ni un poquitito de felicidad….
Volví!. I know, I know. Estuve un poco desaparecida y sin escribir en mi querido blog. Pero aquí estoy, fiel a mis crónicas, aunque –a decir verdad- he estado bastante holgazana. Me encuentro en Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos. Sus siglas, en inglés: U.A.E. Recomiendo que vaya y busque el globo terráqueo en la biblioteca, o que consulte el Google Earth o, en su defecto, el Wikipedia; herramientas infalibles a la hora de saber dónde está parado uno en este mundo. Listo?. Ahora sí, estamos prontos para continuar.
Llegué a Abu Dhabi hace pocos días, luego de un mes de vacaciones en Beirut y Egipto. Arribé al aeropuerto de Dubai, donde me esperaba el chofer del Hotel para traerme hasta aquí. Así, pude ver Dubai de noche, admirar sus increíbles edificaciones y lujosos hoteles y torres. Luego de los “Oh” y los “guau”, pasamos al desierto así que cerré los ojos, y en poco más de una hora llegamos a destino.
Luego de mis “trabajosos” días en Túnez, bien merecido tenía un descanso. Así fue como a días de llegar a mi hogar en estas tierras árabes –léase Beirut- comenzamos a organizar con mi compañera nuestra travesía a Egipto. Algo que merece un capítulo aparte. Fue una semana inolvidable. Experiencias que exhortaron los sentidos, y vivencias que alguna vez pensé que eran tan difíciles de alcanzar. Pero lo viví, con toda la razón, el corazón y los sentimientos puestos en una cultura que durante tantos años me atrapó y aún lo sigue haciendo con el mismo ímpetu que otrora.
Hoy, de vuelta al trabajo. El Hotel Hilton es mi residencia, y uno de sus restaurantes, Mawal, es donde cada noche hago mi show. La energía que recibo cada noche es indescriptible, y aunque mi entrada tiene una duración de una hora, la adrenalina es muy fuerte como para demostrar cansancio alguno. Acá se baila de todo, ya probamos con una versión árabe de Gipsy y ahora vamos por La Cumparsita oriental, como la llamo yo. El público es exigente y gusta de cosas diferentes. Así que es cuestión de innovar!.
Para quienes tienen curiosidad acerca de las cosas cotidianas, como comida, la gente, el idioma, puedo contarles que Abu Dhabi es una ciudad cosmopolita. Y en verdad, si bien es un país de mayorías musulmanas, hay muchos extranjeros trabajando, y todos hablan inglés. Filipinos e hindúes abundan, y son empleados mayoritariamente para tareas domésticas, o bien como mozos, recepcionistas, choferes, etc. Todos hablan un inglés indescifrable, y hasta a veces creo que entiendo más el árabe que el inglés de esta gente.
Con respecto a la comida, y como contaba en las crónicas anteriores, el mundo está globalizado señores, así que se come de todo en cualquier lado. Claro que las especialidades árabes están en todos los restaurantes. Y salvando la carne de cerdo (prohibida para los musulmanes), aquí se come todo y en todas sus variantes. Los hoteles y restaurantes ofrecen desde sándwiches, pizzas y omelletes hasta comida árabe, asiática, o italiana. En mi caso, me he convertido en fanática del Hommos, el clásico puré de garbanzos, que se come con el pan árabe tan rico. El resto, paso. No me gusta el tabouleh, ni el kebeh, ni el fatoush, ni los pickles, ni las ensaladas orientales.
Aún no he salido a conocer la ciudad, sólo al Shopping y a la playa privada del hotel. Las aguas del golfo son claras y la arena es bien blanca. Formidable. Un día de éstos, cámara en mano, salgo de recorrida para ver qué tiene Abu Dhabi de bueno para mostrarme, una de las ciudades más ricas del mundo. Nos es para menos; me encuentro parada sobre toneladas de crudo. Ahora sí, a prepararme para el show. Saludos, desde la costa del Golfo Arágibo!!.
Puedo decir que he cumplido un sueño. Tuve la dicha de conocer Egipto. La vida me demuestra una vez más que luchar por lo que uno quiere tiene su recompensa. Septiembre iba a ser un mes de vacaciones para mí, ya que es el mes de ramadán en los países árabes y la mayoría de las bellydancers que están acá arman los bolsitos, y a casita. Pero mis ansias por seguir en la vorágine de mi nueva vida de bailarina viajera hizo que me decidiera por quedarme y planear mi soñado viaje a Egipto.
Así que con mi compañera rosarina organizamos todo en unos pocos días. Hoy, me voy de este país embargada de emoción de las cosas que he visto y vivido. Nuestro destino fue El Cairo. No nos perdimos de nada. Pirámides, visita a la ciudad de Memphis, Citadel, recorrida por los históricos bazares de Khan el Khalili, el museo nacional de El Cairo, y hasta pudimos hacernos una escapada hasta Alejandría, la ciudad de Alejandro Magno y donde alguna vez estuvo el Faro, otra de las 7 maravillas de el mundo.
Para resaltar, no puedo dejar de mencionar la emoción que me embargó cuando estábamos en Giza y nos fuimos acercando a las pirámides. Miles de cosas se pasan por la cabeza. Entrar a la pirámide de Keops y recorrer los pasadizos por los que transitaron tantas personas miles de años atrás fue algo que sin duda jamás podré olvidar. Al mismo tiempo, el museo nacional –visita obligada para cualquiera que vaya a Egipto- se llevó los laureles. Ver en vivo la máscara funeraria de Tutankamón, sus pertenecias encontradas en su tumba, ver momias y las espectaculares estatuas y respirar miles de años de historia, no tiene comparación. Paseo en camello por el desierto, peleas en el bazar en medio de los regateos de precios, el caos del tránsito de las calles cairotas, su gente, sus costumbres, son cosas, momentos, sensaciones, que guardaré por siempre en mi retina.
Demasiado para contar. Sólo quería compartir con ustedes un fragmento de mis días. Gracias por estar ahí. Y gracias por la buena onda de siempre, sincera, que es lo importante.
A días de comenzar el mes de setiembre, y echando un vistazo a mis últimos 45 días en este país, puedo decir que me voy más que conforme y feliz. Días maravillosos, momentos intensos, semanas que se deslizaron demasiado rápido. Vuelvo a desear que el tiempo se detenga, o que al menos se pase más lento. Quiero guardar cada instante vivido, cada minuto acontecido.
Muchas cosas para contar, otras tantas para guardar en el cajón de los recuerdos para nunca más olvidar. Cuando cierro los ojos cada noche, agradezco a Dios estar viviendo todo esto, y doy gracias también por no perder la capacidad de asombro para ciertas pequeñas cosas de la vida cotidiana. Porque es cierto que para quienes están del otro lado, se empapan de la cultura de cada lugar visitado, recorren cada calle, y se nutren de las pequeñas historias contadas en cada fotografía. Pero así y todo puedo asegurar, que si bien es tan bonito recorrer y estar en este país trabajando, al mismo tiempo llega un momento en el que uno se mimetiza con el ambiente, y todo parece tan normal. Sólo cuando veo las fotos caigo en la cuenta de que estoy en la clase de sitio que siempre quise estar, que estoy pisando las tierras que siempre quise pisar, y que estoy viviendo codo a codo con una cultura que tanto tiempo quise conocer de cerca.
Desde su gente, hasta sus calles, los zocos (zouks), las playas, (con mis amigos camellos, caballitos, burritos y escarabajos) la música árabe en todas las tiendas, en los taxis, el ulular de las mujeres árabes cuando gritan el “zalguta” al compás de los golpes de la música, hasta las comidas que pican tanto con su famosa salsa harissa. Y por supuesto, sus incontables vendedores ambulantes que intentan vender todo a precios exorbitantes para luego llegar a un razonable importe mediante el familiar regateo, una ancestral forma de comerciar en los países árabes, cualidad que esta nación ha sabido demostrar muy bien a través de los siglos.
Mis días han sido estupendos. Mi trabajo todas las noches en el resto “Le Beyrouth” del Hotel Regency me ha dejado con el corazón contento y con las energías renovadas para seguir danzando durante mucho tiempo más. Si bien mis horarios en estos dos meses han sido bastante raros para lo que es el común de la gente, puede decirse que pude aprovechar muy bien mis días. Playa, salidas al Shopping, recorridas por los zouks con mi amiga brasilera Daiane, tardes de mate, shisha, y de pizza margarita y “Boga Light” en los bares del Boulevard, peleas con los taxistas por las altas tarifas, clases de francés, italiano, portugués, árabe, inglés y español con quien se me cruzara por el camino. Comenzando por decir que con daiane hablamos en tres idiomas, el suyo, el mío, el nuestro. Casi siempre terminamos con “el nuestro”, o sea, el inglés. “Fala ingles por favor, eu nao estou entendiendo”. Pero puedo “ficar tranquila” que algo de español aprendió. Pero ese es otro capítulo aparte.
Todo fue fabuloso, mas el día que he catalogado como el broche de oro fue nuestra visita a la ciudad de Sousse. Tarde de paracaídas, paseo en pez volador, viaje en tren, aunque una noche para olvidar, porque bailé demasiado cansada por el trajín de la larga jornada. En la lista de mis recuerdos inolvidables de este país no puede faltar la visita al Museo Nacional Bardo, el más importante de toda la zona, y donde se encuentra la colección más grande de mosaicos romanos. Increíble estar allí, respirando tantos años de historia. Claro que no menos importante fue visitar la ciudad costera de Mahdía, donde se encuentran las ruinas romanas de El Jem, con su gran coliseo. Sitio obligado, y al que he ido más de una vez durante mi estadía en Túnez, es Sidi Bou Said, la ciudad de las casitas blancas con techos y ventanas azules. Un lugar que cobró importancia por esta curiosidad y al que asisten miles de personas por día. Callecitas empedradas, y casas y mansiones que lindan con la costa del mar mediterráneo. Un lugar para enamorados, y para enamorarse del lugar. Tampoco quiero olvidar mi mate argentino, regalo de un argentino-italiano, (qué suerte la mía, no?), ni las salidas con la bellydancer tunecina Asmahan, que fue tan amable conmigo y me llevó de recorrida por el centro de Túnez el primer mes que estuve aquí. Y cuadrito de honor para los vendedores de las flores típicas tunecinas, que abundan por todo el país, ofreciendo sus flores y collares a cambio de pocos dinares. Premio para ellos a la perseverancia, porque insisten tanto que al final del día uno vuelve de su paseo con varios collarcitos y flores en su haber.
Aún me queda una semana para disfrutar de este país, aunque me doy por satisfecha, por haber podido recorrer, conocer y admirar unos cuantos rincones tunecinos. Espero volver en algún próximo contrato y reencontrarme con tan lindas vivencias. Gracias a todos por estar de ese lado y acompañarme. Nos encontramos en la próxima crónica!. Saludos tunecinos, con collarcitos de flores de Yasmin.
Aquí nuevamente, mi periódica crónica tunecina. Auqnue hace bastante que no escribo. Es que he tenido unos días agitadísimos, che, y se complica. Mis días siguen siendo fabulosos, pero quiero detener el tiempo!. Pasa todo muy rápido. Hace ya dos meses que estoy fuera de Argentina. Y ya pasó un mes desde que llegué a Túnez. Y me temo que los últimos 20 días van a pasar más rápido aún. Dicen que cuando las cosas de la vida son bonitas, parecería como que pasan rápido. Pero gracias a Dios puedo decir que verdaderamente estoy aprovechando el tiempo.
Con Daiana, la bellydancer brasilera que está trabajando en otro hotel, ya somos buenas amigas y compartimos muchas cosas. Salidas, paseos, tardes de playa y paracaídas, y charlas muuy extensas. Charlas que son triligües, porque ella me habla en portugués, yo le hablo en español, pero al ratito me pide que se lo repita en inglés porque no entendió. Y nos reímos mucho de nuestros idiomas que son parecidos pero que los llamados “falsos equivalentes” te hacen confundir. Ella hace dos años que trabaja bailando en los países árabes así que me ha puesto al tanto de todas las cosas que tengo que saber, y de todas las vicisitudes de trabajar como bellydancer.
Los shows van bien, y los disfruto mucho. Día a día voy aprendiendo nuevas cosas y superándome; muchas cosas se aprenden arriba del escenario. Hay muchos momentos de adrenalina, momentos de encuentro personal, como le digo yo. Momentos en el que me olvido que estoy allí arriba, cierro los ojos mientras estoy bailando y le agradezco a Dios poder estar haciendo esto, y ser reconocida como una bailarina profesional. Algo que en Argentina cuesta demasiado. Cuando todos me llaman por mi nombre en el hotel, y no se quiénes son, cuando me tratan bien, cuando elogian mi danza, cuando me dan palabras de aliento, y sobre todo, cuando me respetan como mujer, me siento plena, feliz y con muchas ganas de dar siempre lo mejor de mí. Mientras tanto, durante el día aprovecho para salir y tratar de conocer algunos lugares. El balance del primer mes es positivo, porque ya tengo un par de amigos y ya he recorrido hermosos lugares, y pasado gratos momentos.
El sábado fuimos con Daiana y Fadi a Mahdia, una ciudad a 2 horas y media de aquí. Fue una experiencia parecida a la de Sousse, pero esta vez sin paracaídas, pero con baile. Obviamente, fui sin dormir, ya que a las 8 nos pasaba a buscar el manager de Dai por el hotel de ella. Así que a las 7 me fui para allá y desayunamos juntas, y a las 8 ya estábamos regias. En el viaje con dai empezamos a hablar del Chavo del 8 y a hacer todas las frases típicas. Fue muy gracioso, Fadi y el chofer no entendían nada de nada. Y nosotras a las risotadas con el llantito de Quico, el “pi pi pi pi” del Chavo, y los gritos desconsolados de la Chilindrina. Está bueno compartir con alguien un poquito de cultura latinoamericana en medio de la cultura árabe que nos rodea. Antes de llegar a la playa pasamos por las ruinas romanas de El Jem, donde pude sacar varias fotos y volver a respirar historia. El lugar es parecido a las ruinas que visité en Biblos (Jbeil), pero cada lugar tiene su encanto y su historia. Cuando uno visita otros países nunca hay que perderse lugares como éste, que son los cimientos de la cultura de cada nación. Recorrimos también algunas callecitas de un barrio típico, donde venden artesanías, tapices, y muchas cosas de decoración hermosas. Hacía muchísimo calor, y era justo el mediodía. En la playa nos estaba esperando la familia del manager de Daiana, así que el día prometía ser muy familiar y ameno.
El mar en mahdia es asombrosamente azul, de aguas muy claras, y de arenas blancas. Disfruté mucho el mar, y por momentos me recordaba a mis vacaciones en Brasil con Guille, cuando fuimos a Bombinhas, donde el agua de mar es similar. La playa en si, es muy linda (bastante más linda que Sousse), hay un bar que pone música disco, y un quincho que tiene una pista de baile. Pasaron de todo tipo de música, y grata fue mi sorpresa cuando escuché música en español, y yo feliiiz. Y más feliz aún cuando comenzó el ritmo de salsa…no me pude resistir. Con Dai empezamos a hacer el pasito básico, y a la pista. Obviamente nadie estaba bailando más que las locas de la argentina y la brasilera. Todos miraban, como si fuéramos bichitos raros. No me importó, nosotras orgullosas mostramos nuestros ritmos latinos. La salsa es centroamericana, pero americana al fin, no?. Y después de dos meses escuchando nada más que música árabe en todos lados, escuchar salsa fue algo distinto, y de hecho muy divertido.
Después del show latino, fuimos a comer algo. Estábamos con hambre, no habíamos almorzado, y el mar abre el apetito. Una mesa larga con toda la familia del manager, A´slama a todo el mundo, nice to meet you y a comer. Comenzó q llegar comida de mar, pescados, mariscos, esas cosas, pero con Dai pedimos el clásico: pizza margarita. El lugar donde almorzamos es un resto en una terraza descubierta a 50 metros del mar. El condimento que lo hizo perfecto fue que estaba la banda de músicos tocando. Fadi (el cantante libanés que trabaja con Daiana), fue invitado al escenario a cantar. Él es famoso es los países árabes porque participó de la Academia Superstar (como la que se hacía en Arg,), así que todas las pibitas pidiendo autógrafos. Comenzó a cantar y nos llamó a bailar a Dai y a mí. Noooo, no queremos…estamos “así nomás”. Estábamos en bikini, y con un chal amarrado en la cintura, para estar más decentes para sentarse a la mesa. No aceptaron nuestra negativa y fuimos arrastradas hasta el escenario…aunque así somos las mujeres, si nos hacemos rogar tiene más sabor, jajaj. Qué puedo decirles, fue maravilloosa la experiencia. Porque fue muy alegre, y bailé con todo mi corazón y mi pasión por la música árabe. La gente estaba muy divertida aplaudiendo, y comenzó a subir la gente que estaba en la playa a ver qué era todo ese alboroto. En pocos minutos se llenó de gente. Volaban los billetitos de dinares, jajaja. Lo más lindo fue volver a bailar descalza!!!. Me dio mucha nostalgia, y será por eso que lo disfruté tanto. Así que luego de nuestro 2do show, nos fuimos a sentar porque había llegado la pizza. Pero al rato volvimos a bailar, esta vez dos temas más. Fue muy grato, divertido y realmente lo guardé con llaves en mi corazón en el cajón de los recuerdos felices.
Volvimos pasadas las 11 de la noche. La ruta estaba muy congestionada y tardamos más de lo habitual en llegar. Por suerte dormí todo el viaje, así que no me sentía tan cansada a la hora de mi show. Otro día feliz en Túnez, un país al que sin duda deseo volver en algún momento. A fines de agosto estaré viajando nuevamente a Líbano, para un festival que se organiza la primera semana allí, donde estarán casi todas las bellydancers que trabajan para la misma empresa que yo. Espero seguir cosechando amistades internacionales, jajaj..
Gracias por seguirme. Todos los días hay nuevas historias que merecen ser contadas, pero si no escribo tan seguido es para no agobiarlo de cosas. Periódicamente subo nuevas fotos en mi space. Gracias a los que me escriben, a los que dejan comentarios, y a los que me tiran buena onda argentina. Los extraño mucho, y les mando un beso cálido de verano tunecino…
Periodista y Bailarina por vocación. En mi querida Rosario, Argentina, luego de 3 años en Emiratos Árabes.
Este es mi espacio para comunicarme con el mundo.
Sean bienvenidos.
Ahlan wa Sahlan!!